viernes, 27 de junio de 2014

viernes, 20 de junio de 2014

Actividades realizadas en los talleres del comedor escolar

¡¡¡ LLEGÓ EL VERANO!!!

Los usuarios junto con nuestras monitoras y pinches del servicio de comedor del CEIP. Alcalde León Ríos en la localidad sevillana del Viso del Alcor, han realizado una serie de actividades y juegos en el taller de dicho centro escolar, con motivo de las vacaciones de verano, y lo han querido mostrar con sus dibujos y pinturas. 

A continuación, os exponemos algunos de esos trabajos plasmados por los más peques de nuestros usuarios de comedor. 
 
CEIP. Alcalde León Ríos

viernes, 13 de junio de 2014

Ensaladas, cuidado con lo que añades

Noticia extraída de: http://www.abc.es

Algunos ingredientes y aderezos convierten una opción ligera en un plato altamente calórico.
La base de la ensalada tienen que ser los vegetales

«Hoy ceno ligero. Voy a hacerme una ensalada». Cuántas veces hemos hecho esta declaración de intenciones y hemos acabado preparando un plato que se parece a cualquier cosa menos a una ensalada. A saber: quesos grasos, cebolla frita, bacon, pollo rebozado, crutons, salsas de bote... Y luego ponemos cuatro hojas de lechuga. En nuestro afán de elaborar un plato único y sabroso convertimos una alternativa sana en algo altamente calórico y con más grasas que un chuletón. «La base de una ensalada tienen que ser los vegetales, si no predominan, estamos ante otra cosa», señala a a ABC el doctor Vicente Pascual, miembro del Grupo de Trabajo de Nutrición de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). 

Otro de los errores que solemos cometer es pasarnos de cantidad. «Como es plato único, hay gente que utiliza una ensaladera familiar para una sola persona. Con un plato hondo de tamaño normal lleno de vegetales hasta arriba es suficiente», explica a ABC Elena Pérez Montero, nutricionista del Hospital Universitario Quirón Madrid. Si la queremos de guarnición, será suficiente con la mitad de un plato llano.

Incluir una ensalada en nuestra dieta diaria, ya sea como plato principal o como acompañante, es una buena manera de aumentar la ingesta de vegetales. Tenga en cuenta que, según un reciente estudio de la Universidad de California, publicado en «Journal of Epidemiology and Community Health», comer siete piezas de verduras y frutas al día reduce el riesgo de muerte a cualquier edad en más de un 40%. Además, al comerlos frecos, «aprovechamos mejor sus vitaminas y minerales», añade la nutricionista.

Para convertirla en un plato completo podemos aumentar la proporción de carbohidratos añadiendo algo de pasta, arroz o patata; la grasa queda cubierta con el aceite de oliva, que es cardiosaludable, y las proteínas en forma de pescado, carnes magras, frutos secos, huevo duro, queso fresco, etc. Pero controlando las cantidades. Por ejemplo, con el aceite de oliva, especialmente cuando añadimos pescados en conserva que ya lo incorporan, o aceitunas y aguacate, ricos en ácido oléico. «Lo justo son cinco gramos de aceite (una cuchara de postre) para una ración de ensalada», apunta la doctora Carmen Gómez Candela, jefa del Servicio de Nutrición del Hospital Universitario La Paz. Piense que una cucharada sopera de aceite de oliva son unas 90 calorías y que lo recomendable es no pasarse de cuatro al día.

Salsas con grasas y azúcares

Además del tradicional aceite y vinagre, ahora podemos encontrar en el supermercado gran variedad de aderezos. Tenga cuidado. Algunos disparan las calorías del plato y son poco recomendables por su alto contenido en grasas, azúcares y sal. «Pueden tener casi el doble de calorías que una cucharada de aceite y más aditivos», advierte Pérez Montero. Incluso algunas presentaciones comerciales del tan de moda vinagre de módena incluyen caramelo o azúcares añadidos, por lo que hay que moderar su consumo. «El aporte extra de azúcares refinados no es aconsejable», advierte el doctor Vicente Pascual. Mire siempre la etiqueta.

«En la medida de lo posible es recomendable hacer las salsas en casa», aconseja la doctora Gómez Candela. Para ello, puede utilizar condimentos ligeros que dan sabor y no tienen apenas calorías como las especias, las hierbas, el yogur o el vinagre.

Qué ingredientes podemos añadir
Verduras y hortalizas: Son la base de la ensalada. Aportan antioxidantes, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y fibra.
Legumbres: Las lentejas, los garbanzos y las alubias tienen antioxidantes, fibra, y proteinas en cantidad igual a la carne, pero sin grasa.

Fruta: Una carga extra de vitaminas y antioxidantes. Si se mezclan los cítricos con las lentejas, el hierro se absorbe mejor.
Frutos secos: Muy calóricos, pero unas nueces, avellanas o almendras aportan antioxidantes y omega 3, beneficioso para el corazón.
Aceite de oliva y aceitunas: Ricos en ácido oléico, cardiprotector, vitamina E y polifenoles.
Aguacate: Muy saciante. Tiene vitaminas, minerales, aminoácidos esenciales, proteínas de alta calidad, y es alto en ácido oleico.
Huevo: Contiene proteínas de la más alta calidad, vitaminas A, E y D; lecitina, vitamina B12 y ácidos grasos como el omega 3.
Carnes magras: El pollo y el pavo aportan proteínas sin añadir demasiadas calorías siempre que lo tomemos a la plancha o cocido.
Pescados: El atún en conserva es un clásico, pero también se pueden añadir otros pescados hervidos o sellados en la sartén.
Quesos: Si se quiere cuidar la línea mejor optar por los bajos en grasa. Atención con la mozzarella, que parece ligera, pero es de los que más grasa contiene. 

viernes, 6 de junio de 2014

Los lácteos desnatados son mejores para nuestro corazón

Noticia extraída de: http://sevilla.abc.es

Hasta ahora se había estudiado la asociación entre el consumo de lácteos y los malos resultados en varios parámetros cardiovasculares, pero no se había diferenciado entre los productos enteros y desnatados.

Los lácteos, mejor desnatados

Un estudio realizado por la Unidad de Investigación del centro de salud La Alamedilla, perteneciente al Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), muestra que las personas que habitualmente consumen productos lácteos desnatados presentan mejores parámetros de salud cardiovascular que aquellas que toman lácteos enteros.

La investigación, que acaba de ser publicada por el «Nutrition Journal», incluyó a 265 pacientes sometidos a dos pruebas que se consideran marcadores de enfermedad cardiovascular. Una de estas pruebas se centra en la carótida, la arteria del cuello que lleva la sangre a la cabeza. En concreto, mide el grosor de la íntima, la capa interna de la arteria. La segunda prueba es la velocidad de onda de pulso, que mide la rigidez arterial. Además, a los participantes en el estudio se les pasó un cuestionario sobre la frecuencia de consumo de alimentos para distinguir entre los consumidores de leche, quesos, yogures y otros lácteos desnatados y enteros.

Claramente, «la diferencia está en la cantidad de grasa», señala José Ignacio Recio, investigador del centro de salud de Salamanca. Al eliminar las grasas, los lácteos desnatados contribuirían a tener un menor riesgo cardiovascular, algo que no se había demostrado. «Hasta ahora se había estudiado la asociación entre el consumo de lácteos y los malos resultados en estos parámetros cardiovasculares, pero no se había diferenciado entre los productos enteros y desnatados», agrega.
Esta publicación forma parte de un amplísimo estudio sobre salud cardiovascular denominado EVIDENT, coordinado por los profesionales de La Alamedilla, que forman parte del IBSAL y de la Universidad de Salamanca. En la investigación participaron más de 1.300 personas de entre 20 y 80 años de varias ciudades de España sin patologías cardiovasculares previas. Las pruebas se realizaron entre 2010 y 2012, pero los resultados son tan amplios que se siguen publicando en la actualidad. En la parte que se ocupa de productos lácteos solo se incluyeron a los pacientes de Salamanca debido a la complejidad de las pruebas.

Los participantes fueron divididos entre consumidores de lácteos enteros y desnatados y cada uno de estos grupos fue, a su vez, dividido en tres: los que consumían más de 125 gramos de estos productos (aproximadamente medio vaso de leche o un yogur), los que consumían hasta esa cantidad y los que no consumían. La tendencia que se dibuja es clara: a mayor ingesta de productos lácteos enteros la velocidad de onda de pulso presenta valores más elevados y el grosor de la íntima de la carótida es mayor.

Por el contrario, cuanto mayor es el consumo de productos desnatados, los valores de estos dos parámetros son menores. El resultado fue corroborado por otro tipo de prueba que no dividió a los sujetos en grupos, sino que analizó el consumo total.

Grasa en arterias

En definitiva, la cantidad de grasa de aportan los lácteos enteros contribuye a la rigidez arterial y a la aterosclerosis o acumulación de lípidos en las paredes arteriales. Los valores elevados de grosor de la íntima de la carótida y de velocidad de onda del pulso arterial se relacionan con una mayor frecuencia de eventos cardiacos, como los infartos, de manera que parecen muy relevantes para medir la salud cardiovascular.

Además, esta asociación con los lácteos es independiente de otras variables, ya que los resultados están ajustados en función de otros factores que pueden influir, como la edad, el sexo, el índice de masa corporal, la ingesta energética total, ser fumador o tomar fármacos para el colesterol o la hipertensión, entre otros.